Lucas 18:15-17 – Ser como Niños

Lee Lucas 18:15-17 y reflexiona…

Lucas 18_15-17Era común que las madres judías trajeran a sus niños en su primer cumpleaños a algún rabino distinguido para que los bendijera. Y para eso se los traían a Jesús.

Esta es una de las escenas más encantadoras del Evangelio el ver que Jesús tenía tiempo para los niños aun cuando se dirigía a Jerusalén para morir en la cruz.

Cuando Jesús dijo que los que componen el Reino de Dios son los que son como los niños, ¿qué quería decir? ¿En qué cualidades estaba pensando?

1.- El niño no ha perdido el sentido asombro. Tennyson nos cuenta que una mañana temprano entró en la habitación de su nietecito y le sorprendió «siguiendo embelesado con la mirada al rayo de sol que jugaba en los postes de la cama.» Cuando nos hacemos mayores, vivimos en un mundo gris y cansado. Los niños viven en un mundo que conserva el lustre de lo nuevo, y en el que Dios siempre está cerca.

2.- Toda la vida del niño se apoya en la confianza. Cuando somos pequeños, nunca nos preguntamos de dónde nos va a venir la próxima comida, o de dónde va a salir la ropa. Cuando vamos al colegio estamos seguros de que nuestra casa estará en su sitio cuando volvamos, con todo listo para nuestras necesidades. Cuando vamos de viaje no nos preocupamos por los gastos, ni dudamos de que nuestros padres sepan el camino y nos lleven sin problemas. La confianza del niño en sus padres es absoluta, y así debería ser la nuestra en nuestro Padre, Dios.

3.- El niño es obediente por naturaleza. Es cierto que a veces desobedece y se queja de lo que le mandan sus padres; pero su instinto natural es obedecer. Sabe muy bien que debe obedecer, y no está contento cuando no ha sido obediente. En su fuero interno reconoce que la palabra de sus padres es ley. Así debiera ser para nosotros la Palabra de Dios.

4- El niño tiene una capacidad admirable para perdonar. Casi todos los padres somos injustos con nuestros niños. Les exigimos un nivel de obediencia, de modales, de lenguaje y de diligencia que rara vez alcanzamos nosotros. Una y otra vez los regañamos o castigamos por hacer cosas que hacemos nosotros. Si otros nos trataran de la forma que tratamos nosotros a nuestros hijos, probablemente no se lo perdonaríamos. Pero los niños perdonan y olvidan, y ni siquiera se dan cuenta de que se los trata con injusticia. El mundo sería un lugar mucho más agradable si perdonáramos todos como lo hace un niño.

El mantener despierto el sentido de asombro, vivir con una confianza inquebrantable, obedecer con naturalidad, perdonar y olvidar… En eso consiste el espíritu del niño, que es el pasaporte para entrar en el Reino de Dios.

(Adap. de Barcklay)

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