Daniel 3 – Mi Corazón no temerá

La semana pasada estudiamos el sueño de Nabucodonosor, el propósito de la profecía y la importancia del sueño de Nabucodonosor para nosotros.  En este capítulo, Daniel nos muestra una historia fascinante que vivieron sus amigos y nos muestra ejemplos de un corazón confiado.

 

(v.1-6) La confianza de Nabucodonosor radicaba en su poder

Esta estatua de oro pudo haber estado inspirada por su sueño. Sin embargo, en vez de tener sólo la cabeza de oro, era de oro desde la cabeza hasta los dedos de los pies. Nabucodonosor quizá quería que su reino durara para siempre.

La gente más importante del reino fue citada a la dedicación de esta gran estatua.  Al mismo tiempo, el rey lanza un edicto.  Al hacer la estatua y obligar a la gente de adorarla, demostraba el uso arrogante de la religión para exaltar el poder humano. La pena de no obedecer era muy alta, se pagaba con la vida.

Más adelante, Nabucodonosor al verse retado o desafiado en su poder, el centro de su confianza, reacciona enojado y hasta sacrifica a algunos de sus mejores hombres (v.19-23) sin importarle nada.

Pero al ver que su poder era NADA comparado por el de Dios, y ver la base de su confianza desmoronarse frente a sus ojos, entonces su ira se convierte en la realidad de un corazón sin Dios: espanto y miedo (v.24-27).

(v.7) La confianza del mundo está en proteger su integridad

El pueblo y sus dirigentes simplemente obedecieron la orden del rey sin cuestionar.  Solo hacían lo que protegería su integridad física, de esa manera estaban seguros y podían vivir confiados.

(v.8-12) Otros viven confiados quitando de en medio a los demás

Los sacerdotes de Bel, los caldeos, encontraron una manera de acusar a los judíos. No sabemos exactamente qué tipo problemas causaban los judíos a estos hombres, pero debieron haber sido varios para acusarlos de esta manera.  De alguna manera, los caldeos creían que iban a vivir mejor si los eliminaban por completo. Sin duda la envidia tuvo mucho que ver aquí.

(v.13-18) La confianza de Sadrac, Mesac y Abed-nego radicaba en Dios

¿Por qué no se inclinaron ante la estatua y le dijeron a Dios que lo hacían obligados? Estaban determinados a nunca adorar a otro dios y valientemente se mantuvieron firmes. Por eso los condenaron a muerte. No sabían que serían librados del fuego; lo único que sabían era que no iban a inclinarse ante ningún ídolo. ¿Se mantendría usted firme por Dios cueste lo que le cueste? Cuando uno está firme por Dios, se nota. Puede ser doloroso y no siempre tendrá un final feliz. Esté preparado para decir: “Líbreme o no, sólo a mi Señor serviré”.

¿Cómo lograron tener un corazón confiado? (v.28)

  1. Confiaron en Dios plenamente
  2. Permanecieron fieles a Dios en vez de obedecer al rey
  3. Entregaron su vida antes que fallarle a Dios

Para nosotros es igual; la manera de obtener un corazón que no tema ante las circunstancias de la vida es siguiendo esos mismos tres pasos:

Confiar en Dios…

La fe es una parte esencial en el cristiano.  Sin embargo, muy frecuentemente el concepto de fe es malinterpretado.  Una gran mayoría de los creyentes piensan que tener fe en Dios es sinónimo de siempre obtener la victoria, al menos como la entendemos en nuestra mente  (Heb. 11:33-34).  Pero esta parte es solo la mitad del concepto de lo que es la fe.  El entendimiento de solo esta mitad hace que algunos piensen que la fe es obtener lo que imaginan en su mente si lo creen firmemente, o si lo declaran con su boca, etc.… y cuando no sucede lo que esperan, dicen “te falto fe”.  Pero olvidan que la fe Bíblica es confiar en Dios independientemente de obtener un resultado favorable o positivo (Heb. 11:36-38), Dios no siempre hará lo que yo quiero.  La fe es pues, depositar tu confianza en Dios, pero no necesariamente esperar obtener lo que tú quieres (v.17-18)

Un correcto entendimiento de la fe, traerá a nuestro corazón una confianza y una paz que sobrepasa todo entendimiento.

Permanecer fiel a Dios…

Aquí también existe algo de confusión; algunos creen que ser fieles a Dios es hacer cosas buenas, o evitar en lo que sea posible hacer cosas malas.  Pero el Señor Jesús nos enseña que el amor y la verdadera fidelidad a Dios se da al guardar Su Palabra (Juan 14:23-24).

Entonces, no se trata de hacer cosas buenas o dejar de hacer cosas malas, sino de cumplir Su propósito para nuestras vidas.  Y este propósito lo encontramos al estudiar la Biblia.  Una persona que no estudia la Biblia no puede conocer el propósito de Dios, por tanto no puede ser fiel a Dios.  Los amigos de Daniel conocían perfectamente los mandamientos de Dios, y los guardaron al pie de la letra a cualquier precio…

He aquí ocho excusas que pudieron haber tenido para inclinarse ante la estatua y así evitar que los mataran.

  • Nos inclinamos, pero no estábamos adorándolo de corazón.
  • No nos volveremos idólatras; lo hicimos una sola vez y le pedimos perdón a Dios.
  • El rey tiene poder absoluto y había que obedecerlo. Dios entendería.
  • El rey nos dio el puesto que tenemos; hay que ser agradecidos, ¿no?
  • No estamos en nuestro país, y por lo tanto Dios nos perdonará por seguir las costumbres de este país.
  • Nuestros antepasados colocaron ídolos en el templo. ¡Eso es mucho peor!
  • No estamos haciéndole daño a nadie.
  • Si nos matan y unos paganos ocupan nuestro puesto, ¿quién va a ayudar a nuestra gente en el destierro?

 

Si bien todas estas excusas hubieran parecido lógicas, no hubieran sido más que una racionalización peligrosa. El inclinarse ante una estatua violaba el mandamiento de Dios de Exo 20:3 : “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Además hubiera manchado su testimonio para siempre. Nunca más hubieran podido hablar del poder de su Dios que sobrepasa el de otros dioses. ¿Qué excusas utiliza usted para no mantenerse fiel a Dios?

Entregaron su vida antes que fallarle a Dios…

Esta es la parte más difícil, es donde experimentamos la segunda mitad de lo que debemos entender como fe: la parte donde Dios no hará lo que queremos, sino Su voluntad.  Ellos estuvieron dispuestos a dar su vida por permanecer fieles a Dios.  Esto les permitió tener un corazón confiado.  Entendieron lo que Pablo puso en palabras muy sencillas “Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos” (Rom. 14:8). Si nos aferramos a esta vida, podemos perdernos de lo mejor de Cristo (Mat.10:39).

Con Dios, lo único que funciona es una entrega y dependencia total… o lo es todo en tu vida, o no es nada… o le entregas todo, o no le das nada… o confías plenamente, o te ahogas en el temor. Nabucodonosor cometió este error, y lo veremos la semana entrante en el capitulo 4.

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