Relaciones en Riesgo – Génesis 21:22-34

En el principio del capítulo 21 vimos como Agar y su hijo Ismael, y Sara y su hijo Isaac representaban los dos pactos: la ley y la gracia respectivamente. Y por eso no podía permanecer Ismael en casa, si había llegado ya el hijo de la promesa, pues la ley y la gracia no funcionan juntas. Y para llegar a la gracia se necesita una relación con Cristo, quien nos reconcilia con el Padre Celestial. Y precisamente de relaciones es que nos habla esta última parte del capítulo.
Los versos 22 al 24, Nos menciona el miedo que tenía Abimelec de que Abraham lo traicionara. No sabemos cuánto se tardó para atreverse a venir a aclarar esto con Abraham.

Los versos 25 al 26, Nos menciona el resentimiento que había de Abraham hacia Abimelec porque pensaba que este había ordenado que le quitaran un pozo. El verso 26 nos dice que Abimelec no sabía nada al respecto, ni Abraham se lo había dicho. No sabemos cuánto tiempo duró Abraham con el resentimiento.

¿Cuántas relaciones se deterioran o se pierden por una mala o nula comunicación?

Versos 27 al 32. Finalmente hicieron un pacto donde Abraham se comprometía a no traicionar a Abimelec, y Abimelec a su vez, respetaría la propiedad del pozo que Abraham había hecho.
Pero más allá de las relaciones interpersonales, existe una relación, que es la relación más importante de nuestra vida, que al igual que Abraham y Abimelec, no sabemos cuánto tiempo ha estado quebrada y quizá ni siquiera nos damos cuenta.

Una relación quebrada

Lo primero que tenemos que saber acerca de nuestra relación con Dios, es que por nuestro pecado y nuestra indiferencia hacia lo que Él nos quiere comunicar, nuestra relación está totalmente quebrada, pues nadie se preocupa por Él (Romanos 3:10-11). El mundo y sus afanes se han ocupado de que no nos ocupemos de lo espiritual.

Restauración

Por lo anterior, así como Abimelec, el Señor Jesús tomó la iniciativa para restaurar nuestra relación con Dios (1 Tim. 1:15; Rom. 5:10).
Y también lo hizo firmando un pacto, un pacto sellado con su sangre (Lucas 22:20; Col. 1:21-22).
La parte que nos tocó a nosotros es solo CREER (Juan 5:24). Así pues, su parte, la de perdonarnos y darnos salvación, es definitiva y total (2 Co. 5:17).

Como Mantener viva nuestra relación con Dios

Somos incapaces por nosotros mismos de mantener una relación ESPIRITUAL tan sublime y tan especial como la relación con Dios.
El mundo ha intentado hacerlo a través de las religiones, por medio de rituales, ceremonias, tradiciones y costumbres. Pero nada de eso funciona para con Dios (Mateo 15:8-9).
Por eso, el Padre envió algo de si mismo como testimonio para permanecer en este pacto. Asi como las siete corderas que apartó Abraham en su pacto, Dios nos envió al Espíritu Santo, para que morara en nosotros, que nos conduce y guía en esta relación con Dios. (Juan 14:26)

Es Tiempo de Cambiar – Génesis 20

La semana pasada veíamos la triste historia de Lot, un hombre justo, pero que tenía mucho compromiso con el mundo (Sodoma). Por esto, termina en una vida con un pobre testimonio, sin mucho deseo de dejar Sodoma, y con una fe débil. Lot, sin duda, tenía mucho que cambiar en su vida, pero por alguna razón no lo había hecho, hasta que fue forzado por Dios a escapar de la destrucción. En el capítulo 20 veremos dos personajes más que también tienen mucho que cambiar…

v.1-2 – La mentira de Abraham… ¿otra vez?

Si, igual que en su viaje a Egipto (12:11-13) al llegar a la tierra del Neguev, Abraham vuelve a mentir acerca de su mujer diciendo que es su hermana. Esta era una verdad a medias (v.12), pero no deja de ser una mentira basada en el miedo a que le fueran a hacer algo a él por la belleza de su esposa.
Después de su viaje a Egipto, Abraham había madurado mucho en su fe, había restablecido su comunión con Dios, se le confirmó en el pacto, fue obediente a Dios, Dios mismo lo llama profeta (v.7), en fin, era un hombre de Dios… Entonces, ¿Qué pasó?
Para poder entender porque Abraham comete este pecado nuevamente analicemos su respuesta a Abimelec cuando este lo reprende por su pecado (v.13):

13 Y sucedió que cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije a ella: «Este es el favor que me harás: a cualquier lugar que vayamos, dirás de mí: Es mi hermano.» – Versión LBLA

Este era un patrón o costumbre que Abraham había establecido desde antes de convertirse en el hombre de Dios que era ahora, pero no lo había cambiado. Ni siquiera después de su terrible experiencia en Egipto modificó esta costumbre.
La vida cristiana es una lucha constante con antiguas costumbres y hábitos. En Efesios 4:17-24, el apóstol Pablo nos recuerda que tenemos que cambiar muchas cosas en nuestra vida. El deseo de Dios es que cambiemos los viejos patrones y constantemente nos alineemos a Su voluntad. Ya no debemos andar guiados por nuestros impulsos y deseos, o miedos. Debemos vestirnos del nuevo hombre. Esta nueva naturaleza es donde Cristo es formado en nosotros (Gal. 4:19). Y nuestros viejos hábitos y costumbres deben ser suplantadas por la nueva vida en Cristo (Gal. 2:20).
Dios le mostró a Abraham una vez más, lo que debía cambiar en su vida. Y uso a un rey pagano para mostrarle su error. Era tiempo de cambiar.
Al final, Abraham ora por Abimelec pidiendo que Dios sane su casa, consecuencia del pecado que él mismo había causado (v.17-18). Y Dios así lo hace, como muestra de que todo se había arreglado.

v.3-18 – Abimelec, un rey que cambia

Abimelec era el rey de los filisteos en la tierra del Neguev. Era un rey que no conocía de Dios hasta que Abraham y Sara llegaron a su tierra. Abimelec, según su costumbre, tomó a Sara, una mujer muy bella a ser parte de su harem. La tomó porque ellos le dijeron que eran hermanos (v.5).

Dios interviene y habla a Abimelec en sueños.

Dios en la antigüedad uso muchas maneras para comunicarse con el hombre, entre ellas, por medio de los sueños. Hoy en día ya no lo hace de esa manera pues nos habla a través de Jesucristo en Su Palabra (Hebreos 1:1-2).
La intervención de Dios fue para mostrarle a Abimelec que tomar para sí a una mujer ajena es pecado (v.6). Esto no lo sabía Abimelec pues todavía no se escribía la ley (Lv. 20:10), ni se había escrito Su Palabra como la tenemos hoy.
El Señor, al revelarle el pecado del adulterio, le da también el castigo por el pecado (v.7), la muerte. Y le da la instrucción de devolver a Sara a su marido, de lo contrario sufriría el castigo. Le dio la oportunidad de cambiar.
Lo interesante de este rey pagano fue que tomó la mejor decisión: CAMBIÓ, y hasta restituyó su acción, que había resultado en pecado. Dio a Sara y Abraham cosas materiales y les ofreció un lugar para vivir (v.15-16). Verdaderamente demostró su temor a Dios con sus acciones.

En Resumen…

En estos dos capítulos encontramos tres reacciones al cambio que Dios quiere en nuestras vidas:
1. Lot, un hombre justo que, por su compromiso con el mundo, desarrolló una resistencia al cambio. Y si bien Dios preservó su vida, esta fue infructuosa, aun con los más cercanos en su vida, su propia familia.
2. Abraham, un verdadero creyente, pero que seguía arrastrando viejos patrones que necesitaba cambiar y le seguían causando problemas en la vida.
3. Abimelec, un hombre pagano, que cambió su proceder inmediatamente que le fue revelado que estaba en pecado. Así desarrollo el temor de Dios en su vida.

¿Con cuál te puedes identificar tú?

Huye por tu Vida – Génesis 19

La semana pasada veíamos como Abraham intercedía por Sodoma. Esa oración no sirvió para cambiar los planes de Dios, pero si para que Abraham desarrollara un corazón intercesor, conociera más del carácter de Dios y como hace las cosas, y le permitió a Abraham descansar en la voluntad perfecta de Dios. Hoy veremos como Dios destruye las ciudades, pero libra a Lot.

v.1-3 – La vida de Lot en Sodoma

Los dos ángeles enviados por Dios para comprobar el pecado en Sodoma y destruirla son recibidos por Lot, quien estaba sentado a la puerta. Esto significa que Lot se había convertido en un personaje importante de Sodoma, quizá en funcionario de la ciudad.
Sabemos que Lot era un hombre justo (2 Pe. 2:7-8), pero su compromiso con Sodoma era grande y no la podía dejar fácilmente. ¿Hasta dónde este compromiso no le permitía alejarse del pecado a su alrededor y prefería vivir en medio de él?

Es interesante como Lot comenzó a involucrarse con Sodoma:

• Comenzó VIENDO hacia Sodoma (Gén. 13:10)
• Luego instaló su tienda CERCA de Sodoma (13:12)
• Después ya VIVIA en Sodoma (14:12), luego pierde todo y…
• Ahora es FUNCIONARIO de Sodoma.

El pecado de Sodoma era tan grave que Lot rogó con una insistencia inusual que los visitantes no se quedaran en la plaza de la ciudad sino en su casa. Aún así, Lot SOPORTABA vivir entre algo tan malo, que Dios mismo NO SOPORTABA, y tenía que ser destruido. ¿Cómo llegó hasta aquí?… comenzó mirándolo de lejos.

V.4-11 – La Condición de Sodoma revelada

Aquí encontramos varios pecados evidentes en Sodoma: Chisme, homosexualidad, violencia extrema, falta de respeto a la propiedad ajena y a la autoridad, ociosidad, arrogancia (Ez. 16:49), y más. La maldad estaba comprobada, tenían que ser destruidos.

v.12-14 – Un testimonio pobre, y un mensaje diluido

La condición espiritual de Lot, mezclada con su COMPROMISO CON EL MUNDO (Sodoma) no le permitía comunicar un mensaje claro y convincente. No se puede dar un mensaje diluido, la gente no lo entenderá. No puede haber un testimonio claro y un liderazgo fuerte si no existe un compromiso solo con Dios.

v.15-16 – El compromiso con el mundo fácilmente gana

A pesar de la urgencia de los ángeles, Lot TITUBEABA. Este es el resultado de su condición espiritual y su compromiso con el mundo. Su tesoro estaba en Sodoma, no tanto en Dios (Lucas 12:34)… y todo comenzó mirándolo de lejos.
Dios interviene cuando nuestro corazón titubea. Los ángeles ayudan a Lot a decidir salir de la ciudad. Lo toman de la mano junto con su familia y los encaminan a la salida.

v.17 – Huye por tu vida

Hemos visto como ACOSTUMBRARSE al mundo y las cosas del mundo nos alejan de un compromiso con Dios (1 Jn. 2:15-17). La solución es HUIR. Cristo nos ofrece el empujón inicial que necesitamos para salir del mundo: nos perdona nuestro pecado, borra nuestro pasado, nos da una nueva vida, y un nuevo propósito. Ahora, al igual que Lot, nosotros también debemos huir, no mirar atrás y no detenernos.
Una vez que comenzamos la retirada, la encomienda es no mirar atrás… pues eso que nos enamoró al principio, fácilmente nos puede jalar otra vez. No nos detengamos, avancemos hasta donde tengamos que llegar. No importa si tenemos que dejar amistades, posesiones, o posiciones, no importa la comodidad, o lo que sea, debemos huir por nuestra vida, hacia un compromiso total y verdadero con Cristo.

v.18-23 – La falta de compromiso no deja creer completamente en Dios

El amor al mundo no nos deja creerle a Dios. Lot, a pesar de que los ángeles le habían rescatado, le dijeron que no destruirían la ciudad que Lot quería, y que no harían nada hasta que Lot estuviera a salvo… aun así no se sentía seguro, pidió no ir al monte y quedarse en Zoar, luego no se sintió seguro en Zoar y se fue al monte (v.30). Esta inconstancia y falta de fe era resultado de su falta de compromiso con Dios.
Lo que más existe dentro de las congregaciones es la falta de compromiso. Deseamos vivir una vida cristiana a nuestra manera, bajo nuestros propios términos. Esto lo único que hace es debilitar nuestra fe, y no entender lo que Dios quiere de nuestra vida.

v.24-26 – No mires tras de ti

Un corazón que ama al mundo se detiene a ver atrás. Eso fue lo que le pasó a la mujer de Lot. Su corazón estaba en Sodoma, se detuvo a mirar fijamente y la alcanzó la destrucción (Lucas 17:28-33)
Mirar fijamente al mundo, es detenerse, es pausar. Este letargo espiritual provoca que nos contaminemos del mundo, y esa contaminación termina destruyéndonos. Si dejamos de ver lo que está adelante (Cristo, nuestra salvación, lo eterno), y comenzamos a ver las cosas de atrás, a nuestro alrededor, nos alcanzan las frustraciones, las murmuraciones, los descontentos, y perdemos la visión y la misión.
Si ya has sido rescatado por Cristo, ¡no te detengas! Sirve a Dios, involúcrate en la iglesia (Su cuerpo), enfócate en el propósito, desarrolla tus dones, trabaja, y camina.

v.27-38 – El amor al mundo hace que perdamos el sentido a la realidad espiritual y al propósito de Dios

Mientras Abraham medita y descansa en la voluntad de Dios, confiando en que fue justo y rescató a Lot. Las hijas de Lot estaban desconcertadas y desesperadas. Y al verse perdidas, decidieron tomar el asunto en sus propias manos. Actuaron sin esperanza, basándose en sus propios pensamientos y necesidades (32). Las consecuencias de su desesperación fueron devastadoras. Desesperadas por conseguir lo que ellas pensaron que debían hacer, cayeron en pecado de incesto. Y las consecuencias de ese pecado se pagaron por generaciones, al convertirse más adelante sus hijos en enemigos y obstáculo para el pueblo de Dios.

¿Cómo está tu vida?… ¿Sigues en Sodoma?… ¿Te has acostumbrado al pecado?…

O ya saliste, pero estás en pausa, DETENIDO… muévete, o pronto vendrán las ganas de voltear hacia atrás.

¡Huye por tu vida, no voltees hacia atrás, y no te detengas!

¿PUEDO HACER QUE DIOS CAMBIE SUS PLANES? Génesis 18:16-33

En el inicio de este capítulo 18 veíamos como Dios regresa a Abraham para conquistar la incredulidad de su esposa Sara, y así, por la fe, hacerla también parte de Su pacto con Abraham. Al cumplir su objetivo, y dispuesto a retirarse, encontramos esta conversación de Abraham con Dios que se puede tomar como una persistente oración de intercesión. Y fue una oración de intercesión muy exitosa, a pesar de que Dios no cambió de parecer. Veamos porque…

Versos 16-19 – Dios revela sus planes

Una pregunta interesante que Dios se hace a sí mismo es: “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?” Dios le revela a Abraham sus planes porque Abraham cubría las siguientes condiciones:
1. “iba con ellos” (16)… Es necesario tener una COMUNIÓN estrecha con Dios
2. “será nación fuerte” (18a)… Vivir en comunión con Dios te da PROPÓSITO.
3. “benditas en él las naciones” (18b)… Vivir en el propósito de Dios, TRASCIENDE y alcanzará a otros.
4. “yo sé que mandará que guarden el camino” (19)… El alcance de Su propósito te mueve a vivir en obediencia a Dios y ser ejemplo para que otros también obedezcan.

Versos 20-21 – Su Plan: la destrucción de Sodoma y Gomorra

Si bien el pecado de la homosexualidad resalta en la condición espiritual de la gente de Sodoma y Gomorra (Jud. 1:7), la gravedad de su condición era más bien por su falta de arrepentimiento: “El pecado de ellos se ha agravado en extremo” (ver también Isaías 3:9). La falta de arrepentimiento mueve a Dios para actuar en justicia “el clamor contra Sodoma y Gomorra aumenta” (ver también Romanos 2:5).
“Descenderé ahora…” El Señor no necesitaba bajar del cielo para darse cuenta del pecado de esta gente. Pero bajó como para darles una última oportunidad de arrepentimiento (Ez. 18:23; 2 Pe. 3:9), además de establecer un juicio justo, no excesivo, sino comprobado.

Versos 23-32 – La intercesión de Abraham

Primero, Abraham intercede a Dios por Sodoma y Gomorra apelando a Su Justicia (23-25). Dios le afirma su compromiso con la justicia en su respuesta en el verso 26: “Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos”.
Y una vez establecida Su justicia, Abraham pensó que el resto solo era cuestión de números para convencer a Dios de no destruir las ciudades.
Pero sabemos que a pesar de haber orado correctamente: en total humildad; no orgulloso, ni arrogante; dependiendo completamente de la voluntad y decisión de Dios; siendo persistente; y respetuosamente insistente. Aun así, Dios destruyó completamente las ciudades. ¿Por qué?… ¿De qué sirve orar entonces?… de mucho, veamos porqué…

¿Por qué la petición de Abraham NO cambió los planes de Dios?

Porque Dios no cambia de parecer ni se arrepiente de sus decretos (Malaquías 3:6; Stg. 1:17; Num. 23:19).
Sin embargo, esto parece contradecir lo que enseñan otros textos, tales como Génesis 6:6, “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en Su corazón.” También Jonás 3:10 que dice, “Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo.” Similarmente, Éxodo 32:14 declara, “Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a Su pueblo.” Estos versos hablan de que el Señor “se arrepiente” de algo, y parecen estar en contradicción con los versos que enseñan que Dios es inmutable. Sin embargo, un examen minucioso de estos pasajes, revelan que estos no son realmente indicadores de que Dios sea capaz de cambiar. En el idioma original, la palabra que es traducida como “arrepentirse”, o “ceder”, es la expresión hebrea para “sentir pena o dolor por”. El sentir dolor por algo no significa que haya ocurrido un cambio, simplemente significa que hay pesar por algo que ha sucedido.

Entonces, si Dios no va a cambiar, ¿de qué sirve la oración de intercesión?

Si bien la intercesión de Abraham no pudo cambiar los planes de Dios, esto no significa que de nada nos vale orar. El Señor mismo nos dice que debemos de orar, y hacerlo siempre (1 Tes. 5:17; Col. 4:2). Así que orar sirve de mucho. Veamos cómo le ayudó a Abraham:

1. Desarrolló en Abraham un corazón intercesor. Y no solo por su pariente Lot, sino también por los perdidos de Sodoma
2. Conoció más del carácter de Dios. Aprendió que su paciencia llega al límite de Su justicia. También conocería que su justicia llega a donde comienza su misericordia y Su gracia, pues libraría a Lot. Ya lo tenía planeado.
3. Descubrió que Dios ya había pensado en todos los escenarios posibles.
4. Sabiendo lo anterior, aprendió a descansar plenamente en la voluntad del Señor. Si el Señor era justo, y ya había pensado en todo, no había necesidad de jugar más con los números. Abraham estaba convencido de que los planes de Dios eran perfectos.
5. Abraham pudo finalmente alinear su sentir al corazón de Dios y se fue en paz a su casa.

Orar constantemente nos ayuda a alinear nuestro sentir al corazón de Dios, y alinea nuestro corazón a Su voluntad

Así que, no dejemos de orar. La manera correcta de orar es derramar tu corazón ante Dios. Ser honesto y abierto con Dios, puesto que Él ya te conoce mejor de lo que te conoces a ti mismo. Presenta tus peticiones a Dios, pero ten en mente que Dios sabe lo que es mejor, y no te concederá una petición que no sea Su voluntad para ti. Expresa tu amor, gratitud, y adoración a Dios en oración, pero no te preocupes por tener las palabras correctas para expresarlo. Dios está más interesado en el contenido de tu corazón, que en la calidad de tus palabras.